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En 1931, los humanos abandonaron 4.000 ovejas en una isla remota. 40 años más tarde tuvieron que ir a eliminarlas porque su evolución era un peligro
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🚨 El impacto ecológico y genético de la oveja asilvestrada en Campbell Island tras 40 años sin intervención humana

19 de septiembre de 2026 • • 2 min de lectura

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En 1931, los humanos abandonaron aproximadamente 4.000 ovejas en Campbell Island, una remota isla subantártica situada a más de 600 kilómetros al sur de Nueva Zelanda. Sin pastores ni manejo, estas ovejas sobrevivieron durante cuatro décadas en un entorno hostil caracterizado por fuertes vientos, alta humedad y suelos de turba. Durante este período, la población sufrió una reducción inicial drástica seguida de una recuperación parcial, adaptándose mediante procesos naturales de selección a las condiciones adversas.

La evolución natural de estas ovejas generó características singulares, como la capacidad de desprenderse del vellón sin ayuda y mayores tasas reproductivas, evidenciando una adaptación biológica a su entorno sin intervención humana. Sin embargo, su presencia prolongada afectó negativamente al ecosistema local, ya que la vegetación autóctona, que evolucionó sin grandes herbívoros terrestres, fue severamente degradada por el pastoreo intensivo.

Al convertirse Campbell Island en reserva natural en 1954, la coexistencia entre la conservación del ecosistema y la población asilvestrada de ovejas se volvió insostenible. Por ello, en las décadas siguientes se implementaron medidas para erradicar a estas ovejas, comenzando con la instalación de una valla divisoria y finalizando con la eliminación completa a finales de los años 80 y principios de los 90. Este proceso permitió la recuperación gradual de la flora nativa.

Un aspecto relevante de esta historia es la conservación genética de la población. Antes de la erradicación total, se trasladaron diez ejemplares a Nueva Zelanda continental, donde se mantuvieron como una población pura. Este gesto preservó un patrimonio genético único, resultado de aproximadamente 45 años de evolución aislada, que puede ser valioso para estudios científicos y conservación genética.

Este caso ilustra cómo la introducción y abandono de especies en entornos remotos puede desencadenar procesos evolutivos inesperados y, al mismo tiempo, causar impactos ecológicos significativos. Para empresas y profesionales vinculados al manejo ambiental y ganadero, es un ejemplo claro de la importancia de evaluar riesgos ecológicos y genéticos en proyectos de introducción de especies, así como la relevancia de estrategias de conservación integradas.